martes, 20 de noviembre de 2018

Crítica: Megaman 11

Hace ocho años que Capcom no nos alegraba la vida con una nueva aventura del bombardero azul. De hecho, pensábamos que ya no habría más. Sobretodo basadas en la saga clásica. Parecía que el bueno de Mega había quedado relegado a cameos en otros juegos o para merchandising. Pero, nos hemos equivocado.

La cosa es que el año pasado tuvimos ese momentazo fan llamado Mighty Number 9. Keiji Inafune, uno de los padres de la criatura, dejó Capcom en 2010 y vio que los fans estábamos ávidos por más aventuras gloriosas como las de antaño así que creó una nueva saga que era, reconozcámoslo, un ripeo/homenaje/clon/copia cuasiabsoluta del personaje de Capcom.

Los resultados de aquel juego, desarrollado durante años a partir de un proyecto kickstarter, que llegó tarde y mal, no fueron todo lo maravillosos que esperábamos. Yo fui uno de los miles que aportó al crowdfunding en 2013 y para cuando tuve el juego en 2017 ya casi me había olvidado de él. Encima, el juego quedaba un poco cojo y le faltaban entretenimiento y jugabilidad dignos del 2017. En general no estaba del todo mal, pero los fans sabemos reconocer un sucedáneo. Le faltaba el carisma del personaje original.

Esta es la verdad, que un juego se sienta como un Megaman es mucho más importante que el hecho de que “parezca” un Megaman.

No obstante, parece que el atrevimiento de Inafune hizo que el bombardero se revolviese en su tumba y Capcom vio el potencial que seguía teniendo Megaman tal y como fue concebido hace 30 años.

Para mí es un personaje mítico que he disfrutado (o más bien sufrido, porque reconozcámoslo, suelen ser juegos muy difíciles) desde los tiempos de la NES, con 8 o 9 añitos y que tuvo su culmen con el Megaman 8 de PS o con su saga X y títulos como el Megaman X4.

De repente, hace unos años, nos sorprendieron con un curioso regreso con Megaman 9 y 10, dos títulos que en lugar de seguir la estela marcada por el 8, volvían al look de los 8 bits. Esto que para los más harcore fans del lugar era un acierto, para mí fue un paso atrás. Como homenaje a los clásicos estaba bien, pero Megaman necesitaba evolucionar. Y hacia las 3D, pues las últimas iteraciones de la saga X, alejadas ya de las plataformas clásicas, dejaban bastante que desear. No, el camino marcado por el MM8 era el ideal. Más jugabilidad, concepto clásico del personaje pero nuevo look and feel adaptado a los tiempos.  
¿Qué pasó? Nadie lo sabe. La cuestión es que ahora, años después, Capcom ha decidido regalarnos una continuación más que digna a las aventuras de este robot creado por el Doctor Light. No sólo una continuación sino probablemente el mejor juego de Megaman que hayamos disfrutado hasta la fecha. Ideal para los fans de toda la vida, pero también para las nuevas generaciones que nunca antes han experimentado esta saga.
En mi caso lo estoy gozando en la PS4, pero tengo que decir que también está disponible en Nintendo Switch y eso precisamente creo que lo va a acercar a muchos zagalicos y zagalicas.
Y el juego luce como debe. Desde el segundo uno sabes a qué estás jugando. No esperéis grandes sorpresas. Aquí se trata de saltar, esquivar, disparar y vencer a jefes finales de los chungos. Punto.  
Arrancamos con unas imágenes estáticas con voz en off que nos relatan los años de juventud de Light y su archienemigo el Dr Wily y cómo competían siendo jóvenes por llevar a cabo un proyecto llamado Double Gear. Wily pierde frente a Light, pero una noche, en el presente, recuerda aquel proyecto y algo despierta en su malvado cerebelo.
Wily irrumpe en el laboratorio del Doctor Light mientras este le pasa la ITV a 8 robots (casual casualidad, ya sabéis) y se lleva a éstos, sólo para pervertirlos e instalar el Double Gear en ellos. Este dispositivo les permite o bien ralentizar el tiempo y por ende moverse a tremenda velocidad o bien plenipotenciar sus habilidades. Light se siente derrotado pero ante la cabezonería de Megaman, que está decidido a ir tras Wily, le acaba instalando al chaval este mismo dispositivo, lo cual enriquece muchísimo el juego. Sobretodo porque hay niveles prácticamente imposibles pero que, cuando usamos el double gear y ralentizamos el tiempo, vemos que son superables, con dificultad pero sin perecer en el intento. Eso sí, el double gear se sobrecalienta rápidamente y sólo puede usarse unos segundos hasta que se vuelve a enfriar. Todo esto le da una nueva perspectiva al título y define una nueva mecánica de juego la mar de divertida.
Más cambios para bien muy disfrutables. Todo lo relacionado con los power ups, no sólo los que puedes comprar en el laboratorio de Light, al que puedes acceder entre niveles, y que ahora está hasta los topes de añadidos molones para nuestro personaje. También mola mucho cómo ha evolucionado visualmente Megaman cuando obtiene armas nuevas de los robot master. Antiguamente simplemente cambiaba de color. Ahora, Capcom se lo ha currado y cambia su casco y su cañón, a los que se les añaden elementos propios del enemigo al que vencimos. Además, tras vencer a dicho enemigo, tenemos como una pantalla de prueba donde podemos testear el nuevo arma antes de lanzarnos al siguiente nivel a ciegas.
Como de costumbre, podemos elegir entre cada uno de los 8 niveles regentados por los 8 robotmasters que nos esperan al final. Tengo que reconocer que el nivel de dificultad, en modo normal y superiores, es francamente jodido. Como nos gusta. Pero el nivel de iniciación es genial también y muy recomendable para quien no haya catado la saga nunca. O eso o se te pegas un tiro a las 2 horas de juego. Y es que los 8 niveles son durillos cuando no desesperantes pero sus diseños y los de los jefes finales molan mucho y son totalmente fieles a la saga. Mis favoritos, el nivel de BounceMan, en el que tienes que ir rebotando entre globos, o el de TundraMan, típico nivel de hielo resbaladizo.
Además, es genial volver a ver a Megaman sin su armadura en la secuencia de apertura en el laboratorio de Light, donde está barriendo como un simple chico de los recados. O volver a ver a Roll, a Beat, a Duo… o disponer de Rush, nuestro fiel perro robot al que podemos llamar en cualquier momento del juego para usarlo como trampolín y llegar a lugares de otro modo inaccesibles. Además, no haré spoilers, pero hay ciertos enemigos de antaño que se dejan caer por esta undécima edición de la saga.

En definitiva, Megaman 11es un juego muy recomendable tanto para los que se quieran acercar a las aventuras de este personaje como para los fans más exigentes del mismo.

domingo, 18 de noviembre de 2018

Crítica - Animales fantásticos y donde encontrarlos: Los crímenes de Grindewald


Wingardium leviosa… es leviosa, no leviosaaaa… mira que os lo tengo dicho frikis.

Pues sí pequeños muggles, o nomajs, o seres sin habilidades mágicas en general, hemos regresado al universo Harry Potter. Y casi literalmente. Los Potterheads estamos de enhorabuena porque con los Crímenes de Grindewald regresamos a las paredes de esa maravillosa escuela que es Hogwarts. Y no sólo eso. Volvemos a encontrarnos con un personaje tan mítico de la saga como Albus Dumbledore, esta vez con otro atuendo y casi 70 años más joven, en la piel de un magnífico y siempre sexy Jude Law. Es que son las entradas más sexis del celuloide. 

Que sí, que también hay un breve vistazo a una joven Srta McGonnagal, pero destaco a Dumbledore porque todos ansiábamos volver a ver al personaje. Más aún cuando sabemos que cuanto acontece en esta película, sucede a finales de los años 20 y es previo al duelo legendario que mantendrían en la década de los 40, precisamente Dumbledore y Grindewald. Un duelo al que parece que nos iremos precipitando poco a poco a lo largo de esta nueva etapa de la saga. 

De hecho, ya en esta secuela, el señor David Yates, que ya dirigiese Harry Potter desde la orden del fénix y hasta la segunda parte de las reliquias de la muerte, vuelve a caer en su habitual espiral de oscuridad. 

¿Por qué digo esto? Pues porque cuando este hombre se puso tras las cámaras para dirigir el mundo mágico de JK Rowling me parece que este se tornó mucho más lento, gris y cruel. Algo que también tenía mucha lógica, pues tras las coloridas películas de Chris Columbus, que le iban como anillo al dedo a un Harry de 11 años, la mágica visión de Cuarón y su Prisionero de Azkaban y el aventurero estilo que Mike Newell le imprimió al Cáliz de fuego, el asunto se tornaba serio. Precisamente al final de esta cuarta entrega, Cedric Diggori moría y Voldemort regresaba a la vida. Las cosas se ponían chungas y con Yates llegó el principio del fin.

Cuando el mismo David Yates hace nada se puso manos a la obra con Animales Fantásticos, sin embargo, parecía otro. Era dinámico, colorista y atrevido. Pero nuevamente, parece que con estos Crímenes de Grindewald, la saga gira y se reorienta hacia un turbulento futuro. Yates se ha vuelto a poner serio y la Rowling mitológica y shakespeariana. Esto no es ni bueno ni malo, porque de hecho ocurren dos cosas.

1. Que el fan usual de la saga, al ver Animales Fantásticos, echó en falta el puntillo épico que habían tenido las últimas películas

2. Resulta que el Potterhead medio, también ha madurado con la saga y ha crecido con los personajes. Ya no es un crío y busca un tono mucho más serio. 

Y eso es lo que encontramos en esta secuela. Menos criaturas (aunque obviamente, no dejan de tener un peso importante cuando se trata de relatar las aventuras de Newt Scamander y de vender merchandising) y más acción, o mejor dicho, más crímenes. Bueno, más de todo, porque en las casi dos horas y media que dura la peli, nos han echado de todo a la cara: Nuevos personajes, mucho misterio, flashbacks a tope, criaturas guays, elfos domésticos… De todo y por un tubo. De principio a fin. 

Y es que si al final de la anterior cinta veíamos cómo el personaje encarnado por Colin Farrell resultaba ser en realidad el mismísimo Grindewald, aquí arrancamos, seis meses después, con la huída de este, ahora ya siendo él mismo y encarnado por el amado por unos y odiado por muchos, camaleónico Johnny Depp. Una huída repleta de adrenalina. El arranque de la peli es espectacular y nos situa en ese punto que comentaba antes del final de Harry Potter y el Cáliz de Fuego. El mal anda suelto y lo sabemos. 

Eso sí, el personaje de Gellert Grindewalt es un personaje mucho más carismático para mi gusto que Voldemort, si no tan bien recreado en el celuloide. Es un tipo gris. Del palo de Darth Vader o Thanos, de los que dices, qué malo, pero cómo mola y, en el fondo, lo mismo hasta tiene razón, sobra gente en el mundo. 

Y para más INRI, en esta película, tenemos un paralelismo a mi juicio genial con la saga mutante por antonomasia. Para que os hagáis una idea, si Dumbledore fuera Xavier, Grindewalt sería el perfecto Magneto. Dos hombres ya maduros que fueron amigos y compartieron creencias de juventud. Bueno, creencias y quizás algo más. 

Pero ahora, uno cree en la superioridad de su especie y está movilizando a los suyos para emprender una guerra que tiene como objetivo la supremacía mágica y la esclavitud humana. El otro, prefiere que muggles y magos convivan como hasta ahora. Y ambos han perjurado no enfrentarse entre si. Lo que no quiere decir que como buenos ajedrecistas no puedan ir moviendo ficha. 

Y ahí entran en juego el resto de personajes. En el lado de las piezas negras, el Credence de Ezra Miller, que busca sus orígenes, y una humanizada Nagini.

En el de las piezas blancas, a Eddie Redmayne, el magizoólogo Newt Scamander con su sempiterna timidez y actitud infantil, sus criaturas y su séquito, Tina, Jacob y Queenie, esta vez algo dispersos por París.

Y en tierra de nadie, Theseus Scamander, hermano mayor de Newt y Auror, y Leta Lestrange, la prometida de este.

Pero ya digo, aunque parezca que no tienen tanto tiempo de pantalla, son aplastantes las presencias de Dumbledore y Grindewald como los personajes que, el primero sutilmente como de costumbre y el último de modo sobrecogedor y aplastante, mueven los hilos de la historia.  

El mundo mágico comienza a dividirse. Es hora de elegir el bando y de elegir bien. Y es que esta peli es una secuela digna de ser el jamón York del sandwich que sería una trilogía, de las que van preparando el terreno para un desarrollo de tintes épicos, bélicos y apocalípticos. Solo que en lugar de tres, la idea es producir al menos 5 películas con lo cual, imaginad cuán apocalípticos pueden llegar a ser si ya aquí están apuntando maneras. 

Con respecto al apartado artístico y visual no hay mucho que decir. WB no repara en gastos e impresiona con un espléndido CGI perfectamente integrado con los personajes de Carne y Hueso y con un París mágico de los años 20, circense y jazzero que me ha dejado picueto.  

En definitiva, historia un tanto difusa, lenta y confusa por presentar infinidad de nuevos personajes, emplazamientos y conceptos. Eso sí, final de traca y resaca, mil cabos sueltos y nuevas incógnitas que resolver y una historia que empieza a antojarse más que interesante.


Se avecina tormenta. Esperemos que llegue pronto, sea de granizo y no se quede en chirimiri. 







jueves, 1 de noviembre de 2018

Crítica: Pose - Temporada 1

La categoría es… STRIKE THE POSE!

Toca la patata este show centrado en el desventurado colectivo LGTB de finales de los 80 en una nueva York que les daba la espalda y les castigaba con el silencio mientras ellos sufrían los estragos de ese fantasma que les perseguía en la sombra llamado SIDA.

Aún así, Pose no es un drama (o no es sólo un drama). Parte de ahí, sí, pero yo diría que es más bien un canto a la vida. Al positivismo, al renacimiento y al seguir adelante. A levantarse cada día para decir, este soy yo. Soy como me siento. La genética no me define. Mi sexo no va a decidir por mí.

Y es un canto a la vida relatado a través del musical y el melodrama. Pero esto no es el Glee de Brad Falchuk y Ryan Murphy. Aquí hay pena. Hay familia y no precisamente consanguínea, sino familia de verdad de las que se forman por supervivencia y amor. Hay desgracia, pero también el calor de la comunidad. La verdad es que da gustirrinin cuando te metes en la piel de estos personajes. Y vaya si te metes… que acabas llorando. Yo hace mucho que no me estremecía así.

Es majestuosa la visión que se da de la situación que muchas personas transgénero viven. Cómo sienten el rechazo y el miedo por la imagen distorsionada que la sociedad tiene de su verdadero yo. Y cómo cuando renacen y son consecuentes con su persona interior se enorgullecen también de ser quienes realmente son. Porque uno no es su órgano sexual.

Por cierto, como colofón, no olvidemos a Evan Peters, atrapado en su vida perfectamente imperfecta.


miércoles, 31 de octubre de 2018

Doctor Who: Avance Temporada 11

Qué emoción tengo en el cuerpo con esta nueva temporada. Creo que todos los whovians hemos contado los días para ver a la nueva encarnación del doctor… o doctora. Porque ahora, el señor del tiempo es una timelady interpretada por Jodie Whitaker que ya saltó a la fama por su papel de afligida madre coraje en Broadchurch, precisamente junto a otro Doctor, David Tennant y a otro companion, Rory. Ya habíamos visto el look de la Whittaker con ese jersey reminiscencia de la bufanda del cuarto doctor y tirantes similares a los que vistiese Matt Smith. Pero necesitábamos verla en acción. Y, aunque siempre ocurre en el primer episodio con nueva regeneración, que se hace raro… con Jodie nos hemos hecho enseguida.

La serie ha empezado bien. Lleva cuatro episodios muy entretenidos. La verdad, había miedo ante la salida como showrunner de Steven Moffat que desde la 5 temporada de esta nueva iteración del personaje, com Matt Smith como cara del doctor, redefinió su universo. Ahora, llegaba, precisamente de Broadchurch, Chris Chibnall. Y la verdad se nota. Nueva cara para el doctor, nueva frescura en la serie. Como siempre, manteniendo su mitología y su magia, pero no cayendo en la repetición. Nuevos acompañantes, esta vez 3, como homenaje al primer doctor de William Hartnell, una suerte de familia disfuncional. Chico, chica-interés romántico y abuelastro. Y nueva Tardis, tocando un poco de nuevo el estilo Steampunk, que me flipa.

Además, me encanta que la serie, fiel a sus orígenes de infotainment, vuelva a visitar a personajes históricos (brutal el tercer episodio con Rosa Parks de por medio, pionera del movimiemto afroamericano junto a Luther King) Eso sí, esta vez los viajes del Doctor tienen un estilo visual y musical bastante distinto, espectacular, mucho más dinámico y cinematográfico. Se nota que BBC américa le ha dado fama al doctor y que se le mete más pasta al show. Como diría John Hammond: No hemos reparado en gastos.

En resumen: Echamos de menos a Capaldi, pero estamos ávidos de nuevas aventuras.


martes, 30 de octubre de 2018

Star Wars Resistance: Temporada 1

De momento la serie de David Filoni, sucesora de SW Rebels no ha dado la talla. Y me da rabia porque para mí Filoni es el sucesor espiritual de Lucas y creo que nadie maneja el universo de La Guerra de las Galaxias como él. Pero es que lleva 5 episodios, y deja mucho que desear en cuanto a tono. Si bien es cierto que tanto Clone Wars, que vuelve esta temporada, como Rebels comenzaron con estilos muy infantiloides y fueron madurando temporada tras temporada, creo que la audiencia, curtida ya con ambas series, demanda que Resistance arranque con algo más de fuerza, si no desde su primer episodio, si al menos desde el segundo o tercero.

De momento tenemos a un joven piloto de la Nueva República Kazuda Xiono, Kaz, captado por Poe Dameron y reconvertido a espía disfrazado de mecánico y puesto a trabajar en una gigantesca base espacial a ras de mar donde se llevan a cabo carreras. Qué hace allí? Pues buscar indicios de la existencia de la Primera Orden. La verdad mola que explore los años anteriores al episodio VII y que así nos ayude a ir hilando con la más reciente trilogía. Pero hace falta todavía recorrer un largo camino y profundizar más.

El look es también más cartoon, con un cell shading colorido que bien recuerda al anime de Polygon Pictures, los de A-jin, Godzilla, Blame y Knights of Sidonia.

En general la gente se ha mosqueado con la serie por aquello de rehuir del mundo Jedi. Yo creo que de algún modo, aunque sea de refilón, se tocará. Espera que no acaben recuperando a clásicos de Filoni como Ashoka Tano o Ezra de Rebels. En todo caso, a mí no me disgusta y se han hecho buenos productos ajenos a los Jedi, como Rogue One. De hecho incluso me apetece explorar esa vasta galaxia muy muy lejana, que tiene mucho que aportar más allá de los seres sensibles a la Fuerza.

Lo dicho, le daremos un voto de confianza. Porque es un producto Disney XD y ya sabemos como funciona eso.

Para resarcirnos, pronto nos llega esa última temporada de Clone Wars perdida en el tiempo y la serie de acción real The Mandalorian de Jon Favreau.



jueves, 25 de octubre de 2018

Crítica: Las terroríficas aventuras de Sabrina - Temporada 1

Qué poco conocedores somos en general en España de los comics de Archie y qué guerra empiezan a dar dos series basadas en su universo.

Por un lado tenemos Riverdale, que ya lleva un tiempo rodando y tres temporadas de Netflix que aquí por derechos tiene Movistar+ y que nos plantea precisamente un prisma diferente con el que mirar a Archie y sus amigos, uno bastante más real, oscuro y retorcido. Ya lo hicieron los comics, que en 2015 se relanzaron con un tono más adulto. Ahora le toca a las series.

E igual ocurre con la serie hermana de Riverdale, las escalofriantes aventuras de Sabrina, la bruja adolescente. Olvidaos de Melissa Joan Hart y de ese gato parlanchín que hacía chistes sobre José Luis Moreno. Porque la Sabrina de Netflix es la antítesis de su versión sitcom pero conserva todos los elementos propios de Sabrina. Como ocurriese con Riverdale, Roberto Aguirre-Sacasa ha cogido a los personajes de la bruja adolescente y los ha puesto en un contexto mucho más oscuro. Chungo, brujeril y satánico.

Porque sí, están todos: Sabrina, las tías Hilda y Zelda. El inocente Harvey Kinkle. Salem. Incluso Ambrose, el primo de Sabrina que salía en la serie animada de Filmation si alguno¡ la recuerda. Pero todos son diferentes. Esta vez toca contar una historia de brujas sin tapujos. Esta Sabrina, es un poco como debería ser la Buffy del 2018.

La historia arranca con Sabrina, una vez más una medio bruja que ha de decidir si vivir entre mortales o junto a su aquelarre. Y debe hacerlo ni más ni menos que en su deimosexto cumpleaños, el cual casual casualidad también coincide con su Bautismo Oscuro, su firma en el libro de Satán, el señor Oscuro y su consecuente entrada en la Iglesia de la Noche, de la que su padre fuese Sacerdote antes de morir.

Así pues, Sabrina Spellman ha de vérselas entre sus amigos del instituto de Greendale y la Academia de las Artes Oscuras de la Iglesia de la Noche. En Greendale tiene libertad, con las brujas, poder. Y ella los quiere ambos. Entre otras cosas, para acabar con el mismísimo señor oscuro el cual nunca dejará que Sabrina obtenga ese poder porque Sabrina… es una mujer y Satan… bueno, pues eso, un hombre.

La verdad es que el mensaje feminista y de empoderamiento que subyace bajo la mitología de los aquelarres queda patente aquí y a mí me ha encantado.

En esta serie las brujas comen carne humana, miran con desprecio a los mortales y asesinan. De hecho incluso entre ellas. Sólo hay que ver cómo Zelda le revienta la cabeza a su hermana Hilda y la mata cada vez que se mosquean. Zelda y Ambrose no dejan de fumar. Hay sexo entre brujas a calzón quitao...

El tono, desde luego, es oscuro, creepy, a veces campy y divertido y casi gore. Y es muy de agradecer. Te das cuenta de lo interesante que pueden llegar a resultar estos personajes cuando abandonan lo edulcorado y penetran en un mundo adulto sin tapujos.

Para los Whovians, hay que decir que tenemos a una mala malota encarnada por Michelle Gomez, la Missy de Doctor Who, personalmente el mejor Amo que ha dado la serie en sus
Más de 50 años de vida.

Los fans de la sitcom, ya digo, echarán de menos que Salem hable. Lo cierto es que su papel, aquí se desdobla entre Ambrose y el felino. Pero por lo que se deja ver del familiar de cuatro patas, la historia de Salem Saberhagen, el conquistador, puede dar mucho juego en futuras temporadas.

En cuanto a la estética, me ha encantado, porque han sabido darle lo mejor de la estética gótica, lo más chulo de los años 50 y mantener la historia en el presente, pero de forma muy sutil. Si no fuese por la aparición de algún teléfono móvil o por ciertos comentarios relacionados con la cultura popular cinematográfica no sabrías en qué época transcurre. Los vehículos, la música en ciertas escenas y hasta las televisiones son… muy de los 50.

En general un gran regreso de la bruja adolescente. No perfecto, eso sí. Pues a veces puede no mantener el nivel. Hay capítulos fantásticos mientras que otros, con demonios con careta de goma, no son tan placenteros. Pero en general, como planteamiento, como experimento y atrevimiento, a pesar de lo irregular del tono, creo que Sabrina funciona fenomenal. Hay que tomárselo, como lo que es. Como dice Zelda al matar a su hermana, es un juego, un juego oscuro.

Cuanto menos, escalofriantemente divertida. Y además… ya se filma segunda parte.

viernes, 19 de octubre de 2018

Crítica: Haunting of Hill House

Lo mismo si no llega a ser porque me enganché a ella según la estrenó Netflix, no me hubiese llamado la atención. Más aún cuando los devotos de la novela de Shirley Jackson la cataron y escupieron lo poquito que habían probado. Muchas veces en ese punto, dado el volumen de material audiovisual de calidad a nuestra disposición, hubiese dejado esta serie de lado. Pero resulta que me me puse a verla y que desde un primer momento tuve a mi disposición todos esos elementos que me gustan en una historia de terror clásica: Niños, casas encantadas, estudiosos de lo paranormal…

Ya digo, los conocedores de la novela gótica con la que Shirley Jackson prácticamente moldeó las historias de fantasmas de los años 50 en adelante, se rebotarán al ver esta serie. Al menos, si lo que buscan es una traslación fiel de la historia. Porque aquí sigue habiendo una señora Dudley y una puerta roja que no se abre, pero en esta versión (no olvidemos que ya había una película de Robert Wise y otra del 99 con Catherine Zeta Jones y Liam Neeson de por medio… en esta versión, su guionista y director, Mike Flanagan, ha hecho un poco de borrón y cuenta nueva.

Este señor, director de una peli que también me dio mucho miedito o al menos mal rollo hace ¾ años, Oculus, ha decidido contar la historia que le ha dado la gana y vestirla de The Haunting. Pero hay que reconocerle que, si nos olvidamos de la novela homónima, lo ha hecho genial.
Sí, porque se ha olvidado del toque más misterioso-detectivesco original para relatarnos la historia de un drama familiar. Pero además, no lo ha hecho de forma cotidiana, sino que ha creado a través de sus 10 episodios un puzzle maravilloso cuyas piezas vamos encajando capítulo a capítulo. Y con cada pieza encajada, el regustillo es sublime.

No penséis que es una serie de terror al 100%. La maldición de Hill House mezcla a partes iguales drama y terror. De un modo fabuloso, aunque a veces, dada la historia familiar, llegue a resultar moñas.

La historia se centra en la familia Crane, que a principios de los 90 decide mudarse a un caserón para rehabilitarlo y revenderlo. Hugh y Olivia son arquitectos y se mudan allí un verano con sus hijos para hacer reformas. De mayor a menor, los chavales son Steven, Shirley, Theo y los gemelos Luke y Nell. Todo parece normal al principio pero poco a poco todos ellos irán experimentando los horrores que alberga la casa más encantada de América. Algunos, paranormales, otros, relacionados con la madre Olivia, muy reales.

Y a la Stephen King en It, nos encontramos con estos niños y su padre, ya creciditos y haciendo sus vidas, cada un por su lado, en la actualidad. Mola porque de adultos vemos cómo serían esos típicos niños de peli de terror traumatizados, veinte años después.

Steve se dedica a investigar casos paranormales y a escribir sobre ellos aún y no creyéndose ni media. Shirley es dueña de una funeraria. Theo es psicóloga y además tiene el don de la psicometría. Es capaz de saber acerca de los lugares o las cosas que toca. Luke, se rehabilita en un centro contra la drogadicción y Nell ha ido de bajona en bajona y de psiquiatra en psiquiatra. Esto lleva precisamente a la pequeña, a volver a la casa y a suicidarse en extrañas circunstancias. Es el momento de reunirse de nuevo.

Así, empezamos a montar ese rompecabezas yendo adelante y atrás en el tiempo. Pero es que además, cada capítulo representa el punto de vista de uno de los personajes. La historia, digamos que transcurre en poco más de un día y medio. Pero vemos ese día y medio repetido desde todos los ángulos posibles y poco a poco atamos cabos. Hasta llegar al final del capítulo cinco. Sublime, por cierto. Hace tiempo que no me flipaba tanto una escena que ha llevado cinco capítulos construir.

En el seis, otro episodio majestuoso, la familia se reúne por fin para el funeral de Nell. Todos los miembros se reúnen así en el tanatorio que regenta Shirley. Pero es que el maldito Mike Flanagan nos cuenta el reencuentro a través de 5 impresionantes planos secuencia sin cortes, que nuevamente nos llevan atrás y adelante en el tiempo como si de una montaña rusa se tratase.

Como ya hiciesen otros autores y directores, Flanagan flirtea con la idea de fantasma. Del toro lo planteaba como un recuerdo que deja huella y similar es el concepto de Hill House. Un recuerdo. Una sombra. Un secreto…

Y así como funcionan las historias de cada uno de los personajes (en conjunto, pues por si solas algunas pueden resultar flojas, pero al vincularlas todo cobra sentido, en el pasado y en el presente), funciona sobremanera el elenco. Me hacen gracia los padres cuando son jóvenes, interpretados por Carla Gugino ella, que me parecía demasiado bella para el papel al principio pero me encajó perfectamente al final según el personaje de Olivia se pierde en la oscuridad. Y Henry Thomas es el joven Hugh. Ni más ni menos que el Elliot de ET ya crecidito. Nada le tiene que envidiar su contraparte en el presente, un Timothy Hutton que emana sosiego cada vez que aparece en pantalla. No os digo ya lo que molan los peques, sobretodo Luke y Nell, traumatizados por la visión de un tipo flotante con bombín y una señora con el cuello partido.

El terror de Hill House funciona muy bien en la TV en esta época de Monjas, Annabelles y Paranormal Activities. Y lo hace por saber conjugar emoción y miedo, con sustos puntuales de saltar en el sofá y momentos de tensión total. Hay casa encantada, niños y fantasmas? Si. Que no es nada nuevo? No. Pero esa familiaridad es también parte de la fórmula que hace que funcione. La serie juega con nuestras expectactivas hacia el género… y las deconstruye.

Aquí lo importante es revelar el misterio. Saber qué le pasó a la familia Crane entonces y qué les ocurre ahora. Qué les persigue. Qué les une y qué les distancia. En qué creen y en qué no.

Y eso, frikis, os tendrá colgados de esta serie hasta el último momento. El cual, ya me aventuro a decirlo, es algo más moñas de lo necesario.